Por Facundo Falduto (@elfaco)
Promediaba el año 2000 y yo tenía, digamos, 13 años. Estaba haciendo la tarea en la cocina, un sábado a la tarde, con mi vieja y con mi abuela. Me había criado en el imperativo cultural menemista que establecía el centro neurálgico del hogar frente a la televisión. Pero mi vieja se dio cuenta de que no le prestaba nada de atención a la tarea, aunque lo que estuviera en pantalla fuese Útilísima satelital. El mandato familiar fue unánime: te vas al comedor; ahí no hay TV para que te distraigas.
Y me instalé nomás con todos mis bártulos en la mesa de roble macizo del living. Me senté y me puse a mirar a la pared. Faltaban muchos años y fracasos para entender que estudiar no era lo mío, pero entonces no lo sabía y todavía luchaba contra el desinterés, la paja, la falta de atención o lo que fuese. En eso estaba cuando lo vi: un minicomponente JVC casi nuevo; un equipo que reproducía casettes, tres bandejas para CD's y, lo más importante, radio AM/FM.
Hasta entonces, la radio era para mí el hermano bobo de la televisión, algo que se escuchaba cuando no te queda otra, cuando viajas en auto o trabajabas en un taller mecánico, una margarina a la manteca televisiva. Pero ahí estaba, necesitando un placebo para mi abstinencia catódica. La prendí, y busqué -acaso por herencia paterna- el 95.9, la Rock & Pop. Y empezó la magia. Desde temprano, Cuál Es, que era todo lo que debía ser: rock, mucho rock, un Eduardo de la Puente en su pico creativo post-químico, y un Pergolini que ya había dejado CQC por primera vez, pero todavía seguía siendo Pergolini con todo lo que ello implicaba, y no el significante vacío que es ahora. También estaba Gantman, que hablaba de fútbol para quienes en el fondo no les gustaba el fútbol (a él tampoco le gustaba). Los guionistas y sus radioteatros estaban on fire. Y para rematarla aparecía Alfredo Rosso, que de música sigue sabiendo una bocha. A las 13 arrancaba Day Tripper, pero ese no lo escuchaba porque me embolaba bastante, porque todavía no era indie (?) y porque a esa hora estaba en el colegio.
Después venía Tarde Negra, la gloria entre las glorias, con una Vernaci en su mejor momento, y al principio también con Fernando Peña en la cúspide, aunque duró poco: enseguida se fue y lo reemplazó Tortonese, que no por eso era malo ni peor. También aparecían Barragán. A las 19 llegaba Animal de Radio, que era una entelequia inentendible -para mí- de personajes y discursos partiendo de la garganta inmensa del genial Lalo Mir. Nunca terminaba de escucharlo, por lo general lo interrumpía la cena familiar.
Así se me pasaron los días de adolescencia y secundario. Tuve una adolescencia de mierda, en resumidas cuentas. ¿Quién no?, se preguntarán, con razón. Todos la tuvimos, pero la mía era demasiado solitaria y ermitaña. Iba de casa al colegio y del colegio a casa. No salía mucho los fines de semana. No salía, los fines de semana. Las noches de sábado por lo general las pasaba encerrado, exprimiendo una conexión telefónica de 28 kbps. La PC estaba estratégicamente ubicada en un pasillo que conectaba a todos los cuartos, y por ende toda mi familia escuchaba el modem inapagable. En un banquito, al costado, ponía el equipo de música y sintonizaba la fenecida Gen 101.5, que los sábados a la noche pasaba Abre la disco, un playlist perenne de los clásicos setentosos que pasaban primero en Studio 54 y después en el club de barrio en el que se conocieron tus viejos hace tres décadas y que ahora es un shopping, un triplex, o simplemente cerró. Y así se me pasaba la vida, entre chocolate, internet (la proto-internet) y la radio recordándome una vida que no tuve y que acaso fue mejor.
En eso estaba más o menos un 20 de diciembre de 2001. Había terminado de rendir, ya nada me importaba en la vida, había escuchado el discurso de De la Rúa, pero ¿qué? A los 15 la apatía es una declaración de principios. Estaba tirado en la pileta, escuchando a la Negra, cuando todo empezó. El desastre llegaba por las ondas y el aire, y todo parecía irreal. No recuerdo muy bien cómo pasé ese verano. Creo que fue un largo sábado: pegado a la radio, pegado a internet.
El post sigue acá.