Fernández Díaz y la "propaganda negra"
Astrid Pikielny entrevista a Jorge Fernández Díaz, firma del diario La Nación, en el primer número de La Maga:
- ¿Cuál es la línea que divide el periodismo militante de la propaganda?
- Creo que hay diferencias en algunos militantes. Por ejemplo, yo admiro mucho a Mario Wainfeld. Me parece un gran periodista y me parece honesto. Eso es distinto de otros a los que llaman por teléfono y les dicen: hacé mierda a tal, y va y lo hace mierda. Eso es carnívoro, es sucio y es propaganda negra. No es lo mismo que un periodista que tiene respetabilidad. Un caso como el de Mario Wainfeld en Página/12, pero en el diario La Nación, es Mariano Grondona, un conservador que está en las antípodas ideológicas de Wainfeld. Ahora, los tipos que se meten a hacer campaña, eso es otra cosa.
- Quizás una de las cuestiones que ahora se discute, a diferencia de otras épocas, sea el interés político y económico de las empresas periodísticas. ¿No es positivo ese blanqueo o sinceramiento respecto de las batallas políticas y económicas del medio para el que uno trabaja?
- Por supuesto que se puede hablar de esto. Yo, en Noticias, hice varias tapas contra Clarín y me parece positivo que se hable de esto. En el caso de La Nación, no es un multimedio y es un diario que tiene una ideología abierta. Es más, el cuerpo profesional del diario muchas veces no coincide con la línea editorial. Y yo defiendo a ese cuerpo profesional. Muchas veces me han preguntado sobre mi opinión acerca de alguna editorial, y yo he dicho que estaba en desacuerdo y que me pasaría lo mismo en El País, de Madrid; en el Washington Post; o en otro lado. Ahora, si estuviera en el Pravda, en la época de la U.R.S.S, no hubiera podido disentir. Acá hay gente que trabaja en diarios estatales y que no pueden disentir con su línea editorial, ni mínimamente.
- Pero también existe cierto periodismo militante "no oficialista" que termina operando o haciendo lobby en favor de interes económicos y políticos del medio o del grupo que lo emplea, y, aunque en algunos casos sea con convencimiento, me pregunto si en esos medios, dado este contexto, habría margen para disentir o evitar cierto disciplinamiento también.
- Tengo grandes amigos en el periodismo militante y, en ese colectivo, hay gente brillante y honrada que respeto mucho. Más allá de eso, tengo que decirte que cualquier periodista cuya misión principal no sea informar de la mejor manera a sus lectores me parece que se está desviando de su camino. Y esto corre por igual para alguien que se embandera con un partido y escribe en función de esos intereses, o para alguien que se alinea con una corporación y hace lobby para ella. Creo, también, que se puede disentir y no escribir lo que no se quiere en un diario. Eso depende de las convicciones personas de cada periodista. Yo pertenezco al cuerpo profesional del diario donde trabajo, y, en muchas ocasiones, disentí públicamente con sus editoriales. Yo escribí, en La Nación, a favor de los juicios a represores; elogié las inversiones de los gobiernos kirchneristas en Ciencia, Cultura, Tecnología y Educación; dije que Cristina era una de las dirigentes más sofisticadas de América Latina; defendí a Fito Páez; me declaré escéptico de los diagnósticos de los economistas clásicos; y aseveré que este modelo era exitoso. También destrocé a los opositores antes de las primarias y anticipé que la presidenta iba a ganar en primera vuelta, sin importarme que los lectores más recalcitrantes me acusaran de ser "funcional" al kirchnerismo. Cuento todo esto no para vanagloriarme, sino para explicarte que, además de pegar palos al oficialismo, escribí estas cosas en un diario que jamás me puso reparos. Un diario que hoy me permite un pluralismo impensable en muchos medios oficialistas.
