¿Puede un ciclo sobre libros incursionar en la televisión abierta y lograr una repercusión inusitada en un horario marginal? Las respuestas resultan imprecisas. El interrogante no es otro cosa que un mero disparador. Ni más ni menos que un planteo ingenuo. Quizás el mismo que se le cruzó por la cabeza a Claudio Villaruel, gerente de contenidos de Telefé, una noche de diciembre de 2005. La ocasión: el cumpleaños número quince de la hija de Juan Sasturain. “Me dijo que quería hacer un programa de libros, muy ágil y para gente que no leía, porque ese es el receptor. Está hecho para el que no tiene la más remotísima idea de nada, lo cual no es un gesto desdeñoso, todo lo contrario, un respeto absoluto, porque corresponde a la inmensa mayoría de la gente que circula y que prende la tele”.
Tampoco tiene una actitud moralizadora...
Claro, esa impronta es mía y también del canal. Coincido totalmente en eso, está hecho desde el placer. ¿Qué razones hay para leer? Hay mucha gente que elige no leer un puto libro nunca. La idea es transmitir la pasión, que el otro pueda llegar a sentir a través de tu actitud, del relato de tu experiencia, que se está perdiendo algo.
El hecho de que usted esté en una pantalla como la de Telefé habla de cierta ductilidad en el armado de la grilla.
Totalmente. Es evidente que tienen una concepción de la tele y del público. El horario es lo de menos, pero es muy probable que lo que aparentemente es su contra – la de ir los domingos a la noche – tal vez no sea si se piensa que habitualmente el programa está detrás y siendo “chupado” por un ciclo de altísimo rating (Gran Hermano Famosos). Eso no será determinante de la existencia del programa, no creo que tenga ningún techo y ningún piso, está hecho con el criterio de Telefé.
A Juan Sasturain se lo nota optimista. Ya no sólo por la recepción que ha tenido en la calle a partir de su ciclo, sino por lo que vendrá, por las posibilidades que tiene a partir de este contexto de instalar proyectos y de reivindicar viejas historias. Y es que él mismo parece una fuente inagotable: guionista, escritor, periodista y referente ineludible de la historieta en Argentina, es el coautor de Perramus, la mítica historieta ideada por Alberto Breccia en los años ochenta, a la que suele definir como “hermética y presuntuosa”.
Sin embargo, ese trabajo se convirtió en una bisagra en su vida…
Tuvo un origen muy casual, no es el resultado de un proyecto meditado sino que fue una coyuntura determinada, un encargo. En el año 81´, yo trabajaba en la revista Super Humor y había empezado a tener algún contacto con los dibujantes de la época y es ahí donde conozco al viejo (Alberto) Breccia, al cual nunca lo había tratado. Un día me cruza y me dice: “Juan, necesito hacer una historieta de aventuras para vender en Europa, ¿por qué no me escribís un guión?”. Y yo que nunca había escrito guiones le llevé las primeras ocho páginas de Perramus, que de aventureros no tenían nada, era una cosa muy pesada, pero a Alberto le gustó y laburamos casi diez años. Del proyecto original, de hacer una cosa para vender no quedó nada, era una historieta complicada, con demasiados elementos, trataba temas muy largos, muy duros, estaba llena de cine, de literatura.
¿Y tuvo buena repercusión en el exterior?
Sí, se vendió en todos lados, con quince traducciones. Ganamos premios pero nunca entró mucha plata, pero la historieta funcionó y en la primera revista donde se vendió fue en Circus de Francia y en Orien Express de Italia.
En “Buscados Vivos”, usted hace una recopilación de lo que llaman “la cocina” de la producción de historietas, ¿Cómo fue esa experiencia?
Eso era muy lindo, porque los artículos y reportajes por los que está constituido “Buscados Vivos” en general son laburos viejos, de testimonios de grandes dibujantes, son charlas con Prat, Solano, Oski, César Bruto, Ferro; artículos sobre Calé, Bataglia.Son todos los grandes dibujantes de historieta con los que yo charlé y reportee, precisamente en la época de Súper Humor. Es el primer momento en el que vos te acercas a un mundo que te gusta mucho y que te interesa, y donde te acercas a recoger la experiencia de autores que admiras. A mí me gusta mucho ese libro porque esos reportajes recogían la experiencia del trabajo; cómo era la vida de un profesional del humor, su itinerario, qué había creado, cómo lo había hecho. Eso tiene que ver con la condición de nuestros creadores, que son artistas y trabajadores, no es un análisis abstracto de su laburo o el significado de su dibujo. Es “la cocina”, como vos decís…
A propósito de las historietas, usted dijo alguna vez que se sentía “la viuda intelectual” de Héctor Oesterheld…
Bueno, es una broma, incluso de muy mal gusto. Me dediqué durante muchos años a escribir mucho sobre él, a leer su obra, a reivindicarla. De algún modo cada vez que se han hecho cosas sobre Oesterheld, soy uno de los que siempre llama para escribir algo. Fui un lector muy atento de Héctor desde que era pibe.
Para leer la nota completa, mandá tus datos personales vía mail a esta dirección y te enviamos el PDF para descargar. Link: Revista Punto Aparte Enfrentados por el fútbol - Hablando del Asunto